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miércoles, 27 de mayo de 2009

un mes después


después de 13 años de amor incondicional, te me perdiste, mi negra... te me fuiste al otro lado del jardín...

después de 13 años de idas y venidas, de escenas de amor y de odio, de días enteros de ternura total, de tardes de estudio una sentada junto a la otra, de noches de invierno compartiendo la cama...

después de 13 años en los que siento que no te quise lo suficiente, que no te hice suficientes mimos, que no te saqué a pasear tanto como te lo merecías...

después de 13 años de mirarme desde allá abajo, con esos ojos que decían lo que tu condición de perro no te permitió...

13 años de tirarte al piso y mostrarme la panza cuando llegaba a casa para que te acariciara...

13 años de robarte cosas, algunos menos de romper lo que encontraras. Siempre con esa actitud tan de perro de la calle, tan de linyera...

tantos años de comer sólo cuando mamá estaba, de escucharte discutir con ella como si se entendieran...

tantos años de responder al "menta", al "mirta", al "negra", al "morocha" sabiendo que todo eso te representaba...

después de tantos años de ser eso que tuve cuando sentía que no tenía nada...

después de haberme salvado de la soledad tantas veces... de esta, quién me salva???!

mi pedazo del mundo donde siempre estaba todo bien... mi parte del mundo que nunca fallaba... mi lugar sin desengaños, mi espacio sin necesidad de explicaciones... Mi negra, te fuiste. Tu corazón no quiso más... no pudiste con tu alma.


la muerte tiene eso de radical, de egoísta, de ladrona, de hija de puta...

la muerte que nos deja con esta sensación... tan llenos de nada...



miércoles, 29 de agosto de 2007

En pie de guerra


Y acá estoy otra vez.
Con esta imposibilidad de decir las cosas que me pasan.
Con esta dificultad para decir cuándo me duele el corazón.
Con esta sensación de que nos van a devorar los de afuera, con esta costumbre constante y repetida una y otra vez de violar la ley primera.
Con este sentimiento de soledad y toda esta gente alrededor.
Con estas ganas de no tener que ver que las cosas nunca cambian. Que nunca van a cambiar.
Con esta sensación de indefensión digna de un bebé.
Con este miedo al futuro y a no poder salir.
Con este pozo que me rodea y esta falta de escaleras, de sogas, de ayuda.
Con los pañuelos a mano y esta incapacidad para llorar.
Con este vacío, con esta ausencia de sentimientos.
Con este nada me importa pero todo me afecta.
Con estas 4 paredes que no hacen un hogar.
Con estas ganas de sentirme bien en algún lugar.
Con este no poder ir a ningún lado sin llevarme.
Con este saber que es dentro mío donde no quiero estar.

domingo, 5 de agosto de 2007

El amor en los tiempos del cólera


La primera vez que leí esto me acordé de mi mamá.
De mi mamá y de mi papá.
Del día en que mi papá se murió y de todo lo que vino después...

"... No le había sido fácil recobrar ese dominio desde que oyó el grito de Digna Prado (la mucama) en el patio, y encontró al anciano de su vida agonizando en el lodozal. Su primera reacción fue de esperanza porque tenía los ojos abiertos y un brillo de luz radiante que no le había visto nunca en las pupilas. Le rogó a Dios que le concediera al menos un instante para que él no se fuera sin saber cuánto lo había querido por encima de las dudas de ambos, y sintió un apremio irresistible de empezar la vida con él otra vez desde el principio para decirse todo lo que se les quedó sin decir, y volver a hacer bien cualquier cosa que hubieran hecho mal en el pasado. Pero tuvo que rendirse ante la intransigencia de la muerte. Su dolor se descompuso en una cólera ciega contra el mundo, y aún contra ella misma, y eso le infundió el dominio y el valor para enfrentarse sola a su soledad.
Desde entonces no tuvo una tregua, pero se cuidó de cualquier gesto que pareciera un alarde de su dolor ..."

Desde ese momento y por mucho tiempo más mi mamá no tuvo una tregua.