sábado, 21 de julio de 2007

miércoles, 18 de julio de 2007

All you need is Love


Ayer un amigo me pasó la letra de la siguiente canción...

I wanna make you smile whenever you're sad (quiero hacerte sonreir cuando estés triste)
Carry you around when your arthritis is bad (llevarte de acá para allá cuando tu artritis te moleste)
All I wanna do is grow old with you (todo lo que quiero hacer es envejecer con vos)
Ill get your medicine when your tummy aches (te traeré los remedios cuando te duela la pancita)
Build you a fire if the furnace breaks (hacerte una fogata si se rompe el horno)
Oh it could be so nice, growing old with you (podría ser tan lindo envejecer con vos)
I'll miss you (te voy a extrañar)
I'll kiss you (te voy a besar)
Give you my coat when you are cold (darte mi abrigo cuando tengas frio)
I'll need you (te voy a necesitar)
I'll feed you (te voy a alimentar)
Even let ya hold the remote control (hasta voy a dejarte sostener el control remoto)
So let me do the dishes in our kitchen sink (asique, dejame lavar los platos en la pileta de nuestra cocina)
Put you to bed if youve had too much to drink (meterte en la cama si tomaste demasiado)
I could be the man who grows old with you (yo podría ser el hombre que envejece a tu lado)
I wanna grow old with you (quiero envejecer a tu lado)


Resulta que esta letra pertenece a una canción de esas tantas que completan el final de las, también tantas, "comedias románticas" que TANTA bronca me da ver.
Ahora bien, ¿a qué quiero llegar con todo esto? a que por fin entendí que no quiero envejecer sola.
Aparentemente, de un tiempo a esta parte estoy atravezando una etapa casi de autoayuda en la que el estandarte principal parece ser "no te avergüences de lo que sentís". En realidad la idea sería no tener nada de qué avergonzarme pero las confesiones de este estilo las dejo para otro momento y otras personas.
Hoy siento que NO quiero envejecer sola y malvada con arrugas en la nariz y pinchando las pelotas de los chicos del barrio cuando las cuelguen y se queden en mi patio. No quiero tener 15 gatos y andar por la vida leyendo la Pronto y cenando Té con criollitas sentada frente a la tele mientras miro novelas. No quiero correr al teléfono cada vez que suena con la ilusión de que sea alguien que me de charla (ojo, no todas las señoras mayores son así pero tenía que dar una imagen bien triste como para que entendieran la idea).
Hoy tengo 23 años y no puedo imaginarme qué va a pasar durante las próximas 12 horas pero realmente (por lo menos por hoy) me gustaría que el amor eterno durace para siempre. Me gustaría sentirme amada por alguien a pesar de la decadencia corporal y espiritual. Me gustaría tener la capacidad de amar a alguien y que ilumine mi día aún después de 50 años de estar juntos.
Quiero envejecer con alguien que siga queriéndome una vez que se me hayan caido los pelos, las carnes, los párpagos y todas esas cosas que empiezan a caerse cuando uno va creciendo.
Está claro que no por esto voy por la vida enamorándome del primer papanatas que se me cruza esperando que sea mi Héctor Alterio en EL HIJO DE LA NOVIA pero está bueno tener en claro que tengo ganas.
Que siento que podría valer la pena.

martes, 10 de julio de 2007

El desierto humano


Rodolfo Walsh llegó a mí por una placa.

Un sábado tempranito a la mañana y casi sin dormir quedé en encontrarme con una compañera de la facultad que tenía que darme unos apuntes en la esquina de Entre Ríos y San Juan.

Como siempre, yo llegué primero y ante la imposibilidad que tengo de no leer todo lo que se me cruza encontré en uno de los costados del Banco de la esquina una placa que decía... Que dice: "A Rodolfo Walsh secuestrado en estas calles [...]" Y ahí la realidad me golpeó duro.

La dictadura es algo que realmente NOS pasó. No es sólo historia, no es sólo libros. Los militares están en las calles, en el imaginario colectivo, en las pesadillas de aquellos que entienden que la vida no puede sacarse como un saco, en las noches de insomnio de esos que por ser de otra raza, religión o convicción política se convirtieron en el enemigo a destruir como la plaga o una enfermedad infecciosa, donde el único logro posible era la exterminación.

Los militares (como si pertenecieran a otra especie diferente a la humana) torturaron, robaron, secuestraron, asesinaron, se apropiaron de cosas, de GENTE. Les negaron a miles el derecho a existir, a ser alguien. Les robaron la identidad, NOS robaron la identidad como pueblo, como ciudadanos. Como humanos.

Dice Marcelo Viñar que "la tortura institucionalizada hace añicos la red social que nos constituye como humanos. Su causa es nítida e identificable: son nuestros semejantes los que nos convierten en bichos acorralados y asustados, y es su voluntad triunfal y arrogante la que nos arroja al sufrimiento interminable [...]

Hablar de la tortura no es hablar de víctimas y afectados, de sus estigmas y sus secuelas, sino usar su testimonio y humanidad para denunciar un orden de convivencia que sólo puede fundar su existencia y sobrevivencia en la destrucción del semejante".

Con algunos años más (o no), cualquiera de nosotros podría haber sido torturado, exterminado. No le demos la espalda al pasado.

No olvidemos. Nunca más.



Preferia

Habrás de luchar contra ti y tu precioso pasado, con penoso desencanto...
Habrás de llenarte de consejos y palabras ajenas,en precipitado vuelo...
Y sin embargo, te faltará la mejilla que ruborize la tuya y las manos sobre tu cabello que teñían el brillo perdido.
Prefería tu mirada sincera sobre mi rostro.
Habrás también de sentirte muy feliz y despreocupada frente a las carencias, sin fantasmas al acecho ni negras flores esperándote...

Habrás de ignorar tu sensibilidad y usarás toda tu acidez latente sobre la cresta empalagosa de quien te propuso un rescate...
Y no obstante ello, no podrás olvidar en cualquier tarde lluviosa, que una vez, una mariposa insistente, se posó en tu mano y acarició tu piel cansada. La visita preanunciada.
Ahora desde lejos e igualmente, prefería morir en tus brazos una vez, a morir miles en tus piernas.
Habrás de compartir nuevas risas y encantos desbordantes que todo infierno secreto recreará como un mágico cine, sobre tu cabeza...

Habrás de olvidarme en los pocos papeles que te he dejado y en las cuantiosas horas en que te obsequié mi hombro para tu llanto...
Y sin embargo, no atinarás a buscar mi corazón como tu tesoro aunque una vida te lleve; ni vendrás a rescatarme de una guerra, un equívoco o mi vida errante.
Con el tiempo ya pasado, supe que prefería la distancia segura a tu próximo pero liviano reparo.
Habrás de sentirte triste y decepcionada, rodando como el viento que se esconde en los recovecos de un barrio...

Habrás de mandar al infierno a tu control y frente a un extraño que tocará tu mejilla, soltarás la hebilla que recoge tu pelo...
Y con los años, sin embargo, te sentarás en una ventana de vista plomiza, a buscar la canción que olvidaste y el abrazo cálido de quien espantaste. Hiciste una sombra de la luz que tenías...
Yo hubiera preferido a menudo, besar tu vientre y ver al sol salir por ese horizonte.
Habrás de desaprovechar tantas cosas... que también a mi, me apena de veras.
Confieso ya a mi altura, que tú no tendrás cambio y yo que muchas veces ya me fui en silencio, pensaré que lo mejor de ti, siendo poco, ya lo he apreciado.
Dejaste la inocencia espiritual para competir con tu sombra.
Para ti, la caricia bien intencionada que tantas veces despreciaste o que tomaste como previo sexo, es la única posibilidad de discernimiento que te da tu mente en su orgullo.
Habrás de no necesitar lo dulce de las flores y aquellas que también, alguien te ha regalado... Habrás de olvidar con pronta ligereza y también de alejar a quienes te contengan con impura simpleza, pensando que de ti, sólo harían madera en vez de regar tu cerco, esperando tu grandeza...
Y sin embargo, otra vez, preferiría voltear mi cabeza.
Han caído las formas y las estrellas sobre el mar furioso. Ha caído tu última lágrima y tu última risa... El cielo, al fin, se secó.
Las postreras emociones que yo prefería llevarme de ti, curiosamente, son ahora parte de mi reino. Prefería la suavidad de tus manos y tu voz de ensueño. Prefería tantas cosas que sin remedio, yo ya no he descubierto.
Por tu salud, hubiera preferido no conocerte más. Porque te olvidaré con facilidad, ya sólo eres un texto y en cambio tú, deberás ausentarte constantemente de ti, para que yo no vuelva a tu mente con acierto.
Prefería... Prefería... Ya no prefiero... No te prefiero.
Sergio

martes, 26 de junio de 2007

Mi por qué de las Mariposas

Vos que estás leyendo... alguna vez te preguntaste ¿por qué lo que uno siente en la panza cuando se "enamora" son mariposas?
Para comenzar el desarrollo de mi teoría, debo confesar que nunca fui muy amiga de ellas. Definitivamente me recordaban al amor y los corazones y toda la cursilería que acompaña al enamoramiento: las malditas tarjetas de "San Valentin" (todavía no entiendo ni qué se festeja ese día), las flores, los bombones y todos los clissés que puedan asociarse. Infantilmente creía que mi deber era hacerle entender al mundo que el amor NO está bueno. Que la gente no es feliz, que la vida no es linda y que la amargura no tiene fin. Vivía cada uno de mis días creyendo que "cada alegría no era más que un olvido momentáneo de la tragedia escencial de la vida" hasta que, lógicamente, me enamoré.

Me enamoré de verdad y comprendí que lo que entendía por amor no lo era. Y recién ahí empezaron a caerme todas las fichas (me sentí como un tragamonedas del casino cuando alguien se saca el premio gordo).

No voy a ocupar este espacio discutiendo los pormenores o el final de mi "perfecta" historia de amor. Supongo que si leyeron bien entenderán que, desde el momento en que hubo un final, mi historia no era tan perfecta como parecía.

El punto es que empezaron a gustarme las mariposas. Esos bichitos alados (insectos, en realidad) que viven, según la enciclopedia (http://es.wikipedia.org/wiki/Mariposa), el tiempo necesario para asegurar la reproducción.

Lo que quiero decir y no estoy diciendo es, en realidad, que creo haber descubierto el por qué de las malditas invasoras estomacales.

Las mariposas son sinónimo de cambio. Pueden pasar de ser unas larvas horrororas a convertirse en un espectáculo para la vista.

La cuestión es que el amor también nos cambia. A veces para mejor, a veces para peor, pero cambiamos. El amor nos vuelve vulnerables, sensibles, egoístas y al mismo tiempo extremadamente generosos. Nos entregamos completamente pero sin dejar de esperar lo mismo del otro. Nos vuelve hasta idiotas, frágiles. Nos hace creer que sin el otro no somos nada, que nada puede ser igual desde el momento en que este "alguien" pasó por nuestra vida. Y nos transforma la mirada. Las cosas que antes podían molestarnos ya no cuentan, los días de sol son maravillosos y los de lluvia mejores todavía y el despertar a la mañana al lado de ese que nos da sentido nos hace felices aún cuando nos espere un día de trabajo eterno. Incluso a veces logra que nos mantengamos despiertos sólo para no perdernos del placer del otro cuerpo abrazado al nuestro.

Pero las mariposas viven poco. Vuelan hacia el fuego y se queman. Van hacia la luz pero no vuelven. Y está perfecto! De eso se trata también el amor. De arriesgarse, de quemarse una y otra y otra vez pero siempre volar hacia el fuego. Porque algún día, como resultado de la selección natural, las mariposas van a ser resistentes y ya no se van a quemar. O a lo mejor van a aprender a no acercarse tanto a la llama y vivirán una eternidad abrigadas por ese mismo fuego que las podría haber quemado. O a lo mejor por otro. O quizás el fuego al que se dirigen se apague a mitad de su camino y, a pesar del miedo frente a lo nuevo, a pesar de sentirse vacías, inservibles, devastadas, cambien el rumbo y encuentren un fuego nuevo.

Las Mariposas son sinónimo de cambio. Cambiemos como las Mariposas. Vivamos como las Mariposas.

viernes, 4 de mayo de 2007

Qué tienen los días de lluvia?



Una nostalgia... un sentimiento de que lo correcto a hacer ese día no es estar trabajando sino sentado mirando la lluvia, recordando a ese alguien que se fue, a ese amor que se perdió o que siemplemente no supo como sobrevivir.
Los días de lluvia son una excusa. Un buen motivo para sentir... porque la pena también es un sentimiento que puede ser hasta lindo si se quiere.
En cambio, durante los días de sol las cosas se suceden si más... sin que uno note que realmente es un día hermoso y no hay de qué quejarse.
La gente camina por las calles sin pensar "justo hoy tenía que salir el sol" o... "no veo la hora de llegar a casa porque este sol me está matando".
Cuando llueve uno es llamado a la reflexión. Desea estar en otro momento, en otro lugar... con otra gente. En otros brazos. En algunos brazos. Por una cosa o por otra recuerda... añora, extraña y sueña con volver a aquellos momentos en que todo era maravilloso, incluso los días de lluvia.
Pero bien lo decía Manuel Mandeb ... "No es posible regresar a ninguna parte. Los puntos de partida no se quedan quietos y a la vuelta ya no están. Para poder volver se necesita, por empezar, un punto de partida eterno e inmutable. Pero todo se mueve y no hay forma de detener el Universo. Créanme si les digo que nadie ha efectuado nunca jámas un verdadero regreso. El hombre que lo consiga cumplirá la hazaña más grande de la historia."